La Paz’s Página Siete Newspaper publishes two polemic critiques on Principio Potosí in only one day

La Paz’s Página Siete newspaper publishes two exemplary conservative positions on the show in only one day. Click each of the two headline-depictions above to access articles online (Spanish language).

here both articles published 3rd of march 2011

Absurdo Potosí

Los curadores de la exposición Principio Potosí hacen hincapié en el papel político del arte. Según ellos, el arte colonial sirvió para legitimar la brutalidad española sobre las colonias; el arte actual, a las “élites de la globalización”. Pues bien, entonces ¿cuál es el contenido político de Principio Potosí?

La tesis de los curadores es que hay una continuidad y una homología entre la explotación colonial y la que se produce en el capitalismo actual. Por ejemplo, invitan al visitante a observar grabados de las Reducciones Jesuíticas sobre las torturas del infierno y luego afirman, citando a una autoridad del calibre de Naomí Klein (¡!), que “el terror y el ajuste estructural, la parálisis de la resistencia contra la política social, a través del miedo, son parte hasta hoy del programa neoliberal”.

¿Qué puede significar esto? Pues una sola cosa: que no ha habido progreso moral en los últimos 500 años y por eso, como dice uno de los auspiciadores de la exposición, Manuel Borja, director del Museo Reina Sofía, “el arte puede ser fácilmente cómplice de un nuevo esclavismo global”. Nótese el adjetivo: “cómplice”. Y el adverbio: “fácilmente”.

Ahora bien, esto implicaría que el proyecto ilustrado, iniciado en Europa pero adoptado en todo el mundo, y señaladamente entre nosotros los americanos, esto es, la postulación del hombre como un sujeto universal de derecho, ha fracasado. O peor, significaría que, según cree Borja, siempre fue una trama de justificación de Europa y de manipulación colonialista. Por eso una de las secciones de la exposición de la que hablamos se llama, atención, “Existen los derechos humanos para tener derechos sobre los humanos”. ¿Ingenioso? ¿O frívolo?

Borja pone su erudición al servicio de esa visión pesimista de la historia: “La cultura no es el lugar independiente y privilegiado de las ideas; no sólo refleja una estructura de poder sino que es el poder por el que se lucha”. Un excelente ejemplo de esa actitud derrotista, de la razón que abandona a su suerte a la razón, que Julien Benda llamó “la traición de los intelectuales”.

Si la cultura no es independiente, ¿cómo se explica Principio Potosí? ¿Y el museo que Borja dirige? ¿O el trabajo del propio Borja? ¿A qué poder responde, qué poder busca? ¿Por qué este director no renuncia a su elevada posición, por coherencia con lo que dice, si no es porque cree que la cultura, que las ideas, pueden gozar de cierta libertad?

El caso de los curadores alemanes resulta más burdo. Su desconocimiento del hecho hispanoamericano es patético. Dicen que no quisieron mezclar su exposición con la celebración de los bicentenarios, porque la lucha independentista sólo emancipó a las burguesías americanas. ¿Burguesías americanas a principios del siglo XIX?, se preguntará el lector. Pues eso dicen ellos, se los juro. Estos señores usan el concepto marxista “acumulación originaria” como les da la gana y esto los lleva a suponer que la Colonia fue clara y totalmente capitalista. Parece que para ellos esos grabados sobre los tormentos del infierno se compusieron para meter a los indios miedo de los patronos hacendados y mineros, y no de los pecados y el demonio’

Como suele decirse, la ignorancia es atrevida.

Principio Potosí es una buena razón para no ser eurocentrista. No por el contenido antieuropeo de la exposición, sino porque al salir de allí uno comprende que tonterías y absurdos de costos faraónicos pueden hacerse también, impunemente, en Madrid o Berlín.

Fernando Molina es escritor y periodista.

Principio Potosí ¿qué?

Con gran fanfarria se lleva a cabo en los dos principales museos de La Paz la largamente anunciada exposición Principio Potosí, descrita, entre otras cosas, como “la más grande que haya llegado a Bolivia”. Entre los antecedentes de Principio Potosí destinados a crear expectativas, está el hecho de que se ha presentado en el Museo Reina Sofía de Madrid (dedicado a América) y en la Casa de la Cultura de los Pueblos en Berlín, y que La Paz es la tercera metrópoli en tener el privilegio de recibirla.

Pues bien, había que ir a verla. Pero, ¿qué puede esperar el visitante que acuda al Museo Nacional de Arte o al Museo de Etnografía y Folclore, munido de aquellos antecedentes y con toda la expectativa creada? Pues bien poco.

Para comenzar, la exposición no tiene, literalmente, ni pies ni cabeza. Vale decir, no tiene un principio ni un final y da lo mismo si se comienza en cualquiera de ambos museos y en ellos, en cualquiera de sus obras, cuadros, instalaciones o lo que sea. Lo cual es el comienzo de la decepción. Uno espera comenzar en alguna parte y en el Musef sólo se cuenta con la numeración de las respectivas obras. Pero ello es de poca ayuda. Los números están en desorden, no se sabe dónde está el que sigue o el que antecede y no hay –no había cuando fui- ni guías ni folletos. En el Museo Nacional de Arte sí hay, pero la cosa tampoco mejora gran cosa así. Ya volveremos a ello.

Sobre la muestra en sí, no espere Ud. encontrar una muestra de “arte”. Principio Potosí es una recopilación de recortes de prensa, collages y otros impresos, además de ilustraciones y otros objetos con la temática básica de ilustrar injusticias percibidas y de protestar contra la globalización y el colonialismo, y de documentar varias de esas protestas alrededor del mundo. El arte –hay unas cuantas obras de arte- está sólo de respaldo, de excusa y para hacer comparaciones sumamente forzadas.

Así, se pretende hacer comparaciones –para lo cual hay que forzar en extremo la imaginación- entre ciertas ilustraciones esquemáticas, a modo de cuadro, de cierto artista alemán de cuyo nombre no quiero acordarme, que expresa su indignación por el trato diferenciado entre los trabajadores indocumentados en Bahrein y los ricos turistas europeos, en contraste con el cuadro Entrada del Virrey Toledo a Potosí, de Melchor Pérez de Holguín. Difícil comparación, para empezar. Más difícil aún para el joven imberbe que sirvió de guía, de buena voluntad pero ignaro, o ignaro pero de buena voluntad. Aseguraba que el francés era latín, confundía los nombres de los pintores y no tenía idea sobre el concepto de acumulación originaria, pero divagaba largamente sobre el tema.

Entonces, si decide ir, vaya preparado: verá muy pocas obras de arte, porque no es una exposición de “arte”. Es un reporte de activismo(s) y más bien un cuestionamiento. A lo mejor, como a mí, eso no le interesa a Ud. Verá, sí, muchos textos, (¡malas!) noticias, folletos y cosas semejantes, que ilustran, condenan, deploran, cuestionan, niegan, chocan y todo género de verbos negativos acerca de cualquier cosa que huela a establishment. Las obras de arte, tal como las concebimos, sirven más bien como excusa para exhibir la muestra en buenos museos –los repositorios del establishment-, porque de otra manera, merecerían –si la muestra fuera consecuente- estar en la calle u otro tipo de espacios públicos alternativos.

Joaquim Rentat es periodista y crítico.

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